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Introducción

La sociedad en la que vivimos nos bombardea con una excesiva cantidad de estimulación, información y actividad. Los niños/as y adolescentes son especialmente sensibles a esta sobrecarga de estímulos. Uno de los resultados más evidentes de esta sobrecarga es la dispersión mental, entendida como la dificultad para concentrarse, y la falta de reflexividad (disposición a pensar antes de actuar). Ambos factores suponen una amenaza para el equilibrio emocional y la capacidad de aprendizaje de niños y jóvenes. Además, desde hace años, sabemos que el aprendizaje emocional y social son fundamentales para que el niño pueda desarrollar habilidades tan esenciales como el auto-conocimiento, la regulación emocional o la empatía y pueda integrarse de forma armoniosa en una sociedad donde la colaboración y el trabajo en equipo son cada vez más esenciales.

Con la práctica sostenida de Mindfulness el alumno podrá adquirir habilidades que le permitirán serenar y centrar su mente.

Una mente centrada podrá retener conceptos con mayor facilidad y será más efectiva en la aplicación de los mismos.

Una mente serena y despejada despliega su creatividad con naturalidad permitiéndole al niño/ joven sentirse mas seguro de sí mismo, discernir y tomar decisiones adecuadas, llevar a cabo acciones positivas y construir relaciones interpersonales armoniosas forjando en él una autoestima alta y mejorando su comportamiento social.